Pedras de Abalar na parroquia de Visma

Catro recortes sobre as pedras de abalar na parroquia de Visma:

  • Artigo de El Ideal Gallego (1922) onde repasa as pedras oscilantes mais populares de Galicia. Na Coruña menciona a Pedra da Robaliza de San Roque da Fora e a que existía no monte de San Pedro, se cadra no lugar da Pedra da Barca.
  • Fragmento do libro Historia del antiguo puerto del Portiño (Seavella) que conta a desaparición dunha pedra de abalar no Monte de San Pedro.
  • Descrición da Pedra da Robaliza de San Roque da Fora no libro Antigüedades de Galicia (1875) de Ramón Barros Sivelo.
  • Trala publicación das Antigüedades de Galicia algúns excursionistas coruñeses parten á procura da Pedra da Robaliza. O periodista Adolfo Rey Ruibal deixou un divertido relato das suas pescudas.
pedra da barca
El Ideal Gallego 08/09/1922

TRANSCRICIÓN: De estos monumentos megalíticos ya hemos dicho lo bastante al ocuparnos en el año pasado de la tradicional piedra vacilante de Mugía. En Galicia se tiene conocimiento de unos 32 ejemplares de esta clase, siendo el más importante de todos y el de más fama el próximo a la villa de Mugía. Entre los demas figuran el de Silva boa, próximo a la villa de Cea, junto al monasterio Osera, en la sierra de Martiñáa, el del alto del Campo, a 39 kilómetros de Mondoñedo, en la carretera de Vivero, la “Pena de embade”, que hubo próxima a Ferrol, el peñasco que sirve de asiento a la ermita de Chamorro, que fué, al parecer, “pedra de abalar”, la de Pereiro en Alfoz, la de Castromayor en Abadín, la de las islas Cíes, la de Meixide en Viana del Bollo, la de Lamaruyo en Villalba, la de Santa María de Paradela en Cambados y otras más como una gigante en equilibrio en el monte do Xalo (Culleredo), que tiene todas las características de haberla sido. También cabe citar la de la Robaliza (San Roque-Coruña) y la que había en el monte San Pedro.

Las piedras vacilantes, “penas de embade, moventes, de abalar o abaladoiras y cabaleiradas”, tienen, como la de la Barca, su leyenda, y varias de ellas están ligadas con la historia de la Virgen al igual que “las pierres branlantes” francesas o las “rocking stone” de Inglaterra. Estas piedras son consideradas como monumentos utilizados para la adivinación o como prueba judiciaria.

PEDRA DA BARCA

pedradabarcaGoogle Maps
Lugar de Pedra da Barca

O artigo de El Ideal Gallego da a pedra de abalar do Monte de San Pedro por esvaida. As canteiras apañaban con todo e quizais fora así como desaparecera. Hai rexistros de “misteriosas desaparicións” de pedras de abalar no mesmo sitio:

En el año 1897 se descubre una piedra oscilante de gran tamaño un monolito, próximo a él existían cuatro canteras en funcionamiento, a las que se dan órdenes inmediatas de que no realicen trabajos en sus inmediaciones, se les notifica el 6 de Mayo y el 16 del mismo mes, el alcalde de barrio y el portero, así como dos testigos, se trasladan al lugar, no encontrando ni vestigios de lo dicho… Los dueños de las canteras juran no haberlo visto nunca y se cierra otra página de nuestra historia.

Historia del Antiguo Puerto del Portiño (Seavella)
Fernando Cabanas López

PEDRA DA ROBALIZA

pedradarobaliza
Antigüedades de Galicia (1875) – Ramón Barros Sivelo

TRANSCRICIÓN: Las piedras oscilantes,—penas cabalgadas,—merecen también un detenido éstudio; pero es difícil probar en la mayor parte de las conocidas si son debidas á la casualidad ó á la inteligencia; si el hombre obró ayudado por la naturaleza, ó si ésta obró por si sola. Son varias las que se conocen en el suelo de Galicia, y se conserva el recuerdo de algunas que desaparecieron como la famosa de Pena de embade, destruida á mediados del último siglo para emplear sus materiales en las construcciones del arsenal de Ferrol.

robaliza
Pedra da Robaliza

No son menos dignas de atención las señaladas por alguna superstición y creencia vulgar como las de ParadelaCorbelleMugía y Penedos de Aguiar, á las inmediaciones de Villamayor de Boullosa en la Limia, y otras que pasan desapercibidas apesar de estar vecinas a ciudades de primer órden como la contigua á la capilla de S. Roque de Riazor, arrabales de la Coruña, bañada por las erizadas olas del Orzán, conocida entre los pescadores de vara por Piedra de la Rovaliza, y que apesar de sus dimensiones, el hombre colocado sobre ella, le imprime un ligero movimiento lateral, según el estremo á que se dirija. De las observaciones hechas por la oscilación, deducimos que su estructura debe ser en forma de quilla sentada en base angular en la forma que va diseñada.

A EXCURSIÓN ARQUEOLÓXICA DE ADOLFO REY RUIBAL

Nun artigo de 1901 o escritor Adolfo Rey Ruibal lembraba a excusión que o levou a costa de San Roque de Fora na procura da pedra da Robaliza. A expedición, realizada na década de 1880, non atopou a pedra pero chegou ata o monte do Vixía (Monte de San Pedro). O retorno a Coruña foi moi accidentado ao atoparse cuns belicosos aldeanos que correron a pedradas os señoritos coruñeses. O periodista non esquecerá os “cafres” que escarallaron a excursión arqueolóxica nin a sua aldea miserenta: Labañou.

labanou

excursion-arqueoloxica
La idea moderna : diario democrático en Lugo – 01/12/1901

TRANSCRICIÓN: EXCURSIÓN ARQUEOLÓGICA
Aficionado desde el destete á la lectura de historia y á los monumentos autiguos, llegó un día á mi poder, siendo todavía muy muchacho, el libro Antigüedades de Galicia, de Barros Silvelo; y, aunque no venga á cuento, paso a referir en qué circunstancias, siquiera como gratísimo recuerdo para dos de mis amigos igualmente actores en este episodio arqueológico-infantil.

Cursando varias asignaturas de la carrera comercial en el instituto de Marineda, reuníamonos a diario tres condiscípulos para prestarnos ayuda en los estudios; la cual ayuda, dicho sea en honor á la verdad, se redujo casi siempre á dar sendos paseos por el Campo de la Estraday el Jardín Botánico, ó á jugar en las tardes invernales alguna partidilla de siete y media con nn histórico dominó de fichas de palo.

De estas reuniones y trato nació la idea da fundar una asociación, provista de estatutos y correspondiente reglamento, con el objeto de ir formando pian pianino una pequeña colección de libros de estudio y recreo, mediante la cuota personal de un perro chico diario, cantidad no despreciable por aquellos tiempos y cuyo desembolso representaba un verdadero sacrificio y una merma en la provisión de cigarrillos. ¡Una peseta y cincuenta céntimos al mes!… ¡ Ayudenme Vds. a sentir!

Pues bien. Cupo á este libro, donativo de uno de los socios, el señalado honor de ser el fundamento y la piedra angular de la pomposa y campanuda «Biblioteca de los Amigos», semilla generosa que brotó raquítica como nuestros bolsillos, falta del abono, necesario que no podíamos suministrarle, y muerta apenas nacida por la dispersión de los socios y tutores llevados en alas de las contingencias de la vida, Los rastos del naufragio quedaron en mi poder, pasaron conmigo el Atlántico, y aún los conservo como carísimo testimonio de un tiempo que fué.

Celtismo

Cayeron, pues, las «Antigüedades» en mis manos amorosas de bibliotecario “perpetuo” (cargo de que fui investido “por unanimidad” en solemne asamblea del triunvirato), y es inútil agregar que lo leí de punta a cabo y de la cruz á la fecha, con todo el entusiasmo de la aficción, casi manía, que me dominaba.

Conocía ya «Epoca Céltica», da Saralegui, y no pocas monografías y disertaciones, recortes y artículos sueltos acerca de los monumentos que siembran las tierras de nuestros parientes de Gales é Irlanda y de la Bretaña francesa.

La historia de los Celtas, la raza de nuestros abuelos, la gran vencida, tenía para mi singular encanto, y no pocas veces veía con los ojos de la imaginación los vestigios que nos quedan de su paso por la tierra: los “alineamientos” de Kanac, recintos religiosos donde se depositaba el botín de la guerra, los “dólmenes” ó cámaras sepulcrales de Bagneux y de Gerande; los “menhirs” de Champ-Dolent; la Roca de las Hadas; la piedra oscilante do Frégunes; y en particular los que adornan nuestra tierra gallega: la Cova d’a Moura, los túmulus de Gonzar, los dólmenes de Focha y Racadeira, los menhirs de Ginzo de Limia, Rodicio y Penafaladora, las piedras vacilantes de Megía y Meixide, los altares naturales de Culleredo, y los mil monumentos diversos de la comarca de Jallas y de la colina de Faxildre, lugares con tanta propiedad llamados por Murguía «Olimpo Céltico de Galicia».

Estas enormes masas da granito, monumentos singulares que tienen á veces cinceladuras rudimentarias y signos extraños; estos monolitos colosales erigidos en homenaje a los antiguos dioses, son como dice Duruy, la primera manifestación monumental de la fuerza humana…

Pero esa manera problemática de ver con los ojos que la imaginación no tiene, no me satisfacía en modo alguno y ambicionaba el momento venturoso de ver con los ojos de la cara y tocar con los dedos de las manos alguno de los legados de nuestros abuelos, los hijos de «Teut» y de «Herta», muchas de cuyas costumbres, mezcladas con reminiscencias y prácticas del culto druídico, viven y palpitan todavía en las montañas gallegas,

¡Cuál no sería mi sorpresa al saber, hojeando el erudito trabajo, que en los arrabales de Marineda, contiguo á la vieja capilla de Riazor, allí en la costa y á un tiro de fusil de mi casa, sentaba sus reales nada menos que un espécimen notable de piedra oscilante conocido entre los pescadores de vara, según testimonio del autor, con el nombre da Pedra d’a Rovaliza!

¡Qué feliz casualidad! Nada más grato que darse un paseo atravesando el arrabal da Riazor, y costear luego la gran playa arenosa hasta dar do narices con el monumento en cuestión.

La excursión

Como era tiempo de vacaciones, formado el plan en dos mínutos salíamos una tarde en alegre caravana los consabidos amigos, arqueólogos en canuto, parodiando las explicaciones científicas de los sabios grandes; y cruzando el arenal hasta el misero chalet pastelero de la casa de baños, seguimos luego la ribera, saltando de picacho en picacho en marcha fatigosa y loca las rocas resquebrajadas y comidas por el secular azote del mar, siempre ronco y bravio en aquella ensenada abierta á todos los vientos.

A trechos la costa se ofrece, danunciando su origen plutónico, como una capa de lava volcánica, una ola solidificada de betún pardo-obscuro, acribillada como un panal de señales de grandes ampollas y burbujas reveladas por los gases de la fusión, en cuyos alvéolos y cóncavos, llenos por el agua que el mar renueva incesantemente en las tormentas y mareas, pululan millaradas de pececillos.

Al pie mismo de la capilla [de San Roque] una gruta en forma de hendidura, no muy grande y cegada a medias por las arenas y los cantos desgajados de las rocas, ofrece al curioso visitante magníficas cristalizaciones de cuarzo en las variedades de cristal do roca y amatista.

Sea por la novedad de la excursión, sea por aquello de que a veces el que mucho mira poco ve, o porque en realidad el monumento no resalte gran cosa de los accidentes del terreno que lo rodea (pues sería más que pretensión poner en tela de juicio su existencia, una vez que hay persona competente que lo afirma), es lo cierto que no encontramos la deseada Piedra de la Rovaliza á pasar de haber traspuesto los limites de ía capilla y llegado á las vertientes del agreste picacho del Vijía; pero lejos da desanimarnos se acordó trepar el monte y hacer alli un alto para empezar de nuevo la exploración al tiempo del regreso,

Al efecto se echó el resto, y llegamos á la cima en el momento que el disco del sol se ponía ya sobre la línea del horizonte, en un fondo de nubas de púrpura y oro y un trozo da mar brillante y enrojecido por el reflejo del simulado colosal incendio del cielo.

El paisaje, interesante como todos los que se dominan de las alturas, y el espectáculo de aquella soberbia puesta de sol, pagaban con creces las asperezas de la subida. La opuesta costa da la ensenada del Orzán termina con la prolongación de la pequeña península en cuyo extremo ea destaca el Faro de Hércules, monumento de origen fenicio y timbre de armas de la ciudad querida, en cuyos cimientos, reza la tradición, el Hércules cananeo victorioso enterró la cabeza de Gerión, el vencido aborigen de raza céltica.

Marineda se apiña y estruja en ei istmo que separa el Orzán del puerto de comercio, defendido por el islote y castillo de San Antolín (puesto allí á la entrada para que «nadie pase sin hablar al portero»), y en ultimo término se esfuman las costas de Santa Cruz y las alturas del golfo Artabro. La perspectiva de la ciudad, desplegada en anfiteatro, es de lo más pintoresco, asi como extraño el efecto de los ruinosos y momificados molinos de viento del alto de Santa Margarita, centinelas avanzados de Marineda por la parte de tierra.

La campiña es pobrísima, árida, escueta; acaso por la humedad de la atmósfera, saturada de las emanaciones salitrosas del mar que atrofian la vegetación. Los cultivos son pocos y raquíticos; no se encuentran esos lampos de verdor que tanto alegran la vista, y el gris y el pardo obscuro de las lejanas montañas y de las rocas próximas forman el tono general del cuadro con una monotonía pesada y cansadora. Pero en cambió, tenemos nuestro querido mar azulado; el inmenso océano con sus fucus, sus algas, sus madréporas y holoturias, sus monstruos y sus misterios; el mar grandioso que da vida y arrulla á Marineda con su sordo rugido de fragua; el océano imponente, soberbio, magestuoso, que se agita á nuestros pies en olas magníficas que abarcan toda la extensión de la batida ensenada, á cuyas orillas se dirigen en sucesivas falanges para morir en los peñascos y acantilados disueltas en copos de espuma y líquidos celajes…

Labañou

Dejando á un lado las endechas de nostálgica poesía de fiambre, diré, para terminar la crónica de esta veridica historia, que volvíamos descansados y satisfechos, díspuestos á escudriñar de nuevo los alrededores de la capilla, con más probabilidades de encontrar al fin la malhadada piedra céltica que los alquimistas medievales la piedra filosofal. Mas no bien habíamos descendido el monte y bajado á la costa, nos sorprende una batahola de gritos insultantes seguidos de una lluvia de peladillas de buen calibre…

¿Qué ocurría?… ¡Pues nada!… que los montaraces muchachos de la próxima aldea de Labañon, no acostumbrados á ver señoritos por aquellos andurriales y siempre dispuestos á tomar la revancha de las humillaciones que sufren en la ciudad cuándo llegan á los mercados con su palurda troza de humildad zorruna, nos expulsaban á pedrada limpia de sus legítimos y violados dominios!…

Ante lo imprevisto del ataque, el número de los asaltantes y el fundado temor de sufrir una averia, viramos en redondo, presentamos la popa al enemigo, y echando al cuerno la piedra, los celtas y las majaderías históricas, emprendimos. heroica huida hasta llegar jadeantes á pais oivilizado y amigo, no sin antes recibir cierta parte de mi cuerpo una certera pedrada que aumentó con su impulso la velocidad de mi carrera.

Inútil agregar que no volví más por aquellos barrios, y que mi desazón no fue pequeña al considerar que cuando ya casi tocaba la realización de un ardiente deseo, salido en busca de una vieja piedra céltica para satisfacer mi legitima curiosidad de anticuario aficionado, héte aquí que una prosaica peladilla contemporánea viene á encontrarme en plenas carnes, dando al traste con la expedición con tanto entusiasmo emprendida.

Nunca pude perdonar á los cafres de Labañón aquel ataque inoportuno, y cada vez que desde lá playa de Riazor divisaba las seis ú ocho casuchas de que se componía la aldea miserable, figurábáseme ver un aduar de tuaregs beduinos en un trozo de desierto.

Nuestros abuelos celtas fueron, con perdón de sus manes, simplemente unos salvajes; y con harta razón dije al principio que se conservan aun no pocos caracteres de su raza, asi en las montañas como en las cercanias de las ciudades populosas y civilizadas, no tanto por aquello de que los extremos se tocan como por lógica consecuencia de la ley natural de los contrastes.

El calificativo es duro; pero digo que lo propino en legitima venganza, pues a pesar de los años transcurridos paréceme que aún siento escozor en la parte ofendida.

Fin de cuentas: ¿vieron ustedes la piedra?… ¡No?… ¡¡Pues yo tampoco!!

Adolfo Rey Ruibal

La idea moderna : diario democrático en Lugo
01/12/1901

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