Berbiriana según Francisco Llorens

A primeira pintura é Berbiriana da que non atopei mais que unha captura en blanco e negro procedente dun documental sobre o pintor. Tamén temos descripcións dos críticos da época sobre a obra.

Berbiriana

Ha pintado Lloréns deliciosamente un trozo del Orzán.
Este mar nuestro tan bravío, de tonalidades fuertes como sus cóleras, ha encontrado en Lloréns el pintor sobrio y enérgico que le cuadra.
En la “Berbiriana” ha fijado el pintor su punto de vista.
Ante él se extiende “la inmensa llanura”, que el viento riza.
La dilatada mancha se funde a los lejor con el horizonte, y á la izquierda, alza su mole adusta perfilándose sobre el fondo claro del cielo, el Monte de San Pedro, batido por las olas.
El primer término es de una gran verdad y de una gran sencillez técnica.
Las rocas, coronadas en la altura de césped y carcomidas y horadadas en su base por la furia del mar; las aguas que forman remansos sombríos en las oquedades; los blancos espumarajos en que la luz irisa; los bruscos contrastes de claro obscuro, en que los tonos rojos, negros y ocres, se funden componiendo bien, acusan lo robusto del temperamento artístico de Lloréns y de qué admirable modo siente e interpreta el natural.
La entonación -dificilísima y cruda en este mar cantábrico, tan distinto en tonalidad del mar de Italia- es justa, sin dejar de ser grata a los ojos: la pincelada franca, el ambiente, real.
Tanto, que aun sin que hay en el lienzo nada característico, excepción hecha del Monte de San Pedro, la nota resulta genuinamente coruñesa.

A outra pintura é La gruta de las gaviotas que eu nunca asociaría a Berbiriana si os críticos e periodistas non a localizaran nese lugar. Un entorno que para eles, naquelas datas, era doado identificar pero que para os espectadores de hoxe en día costa situar.

La gruta de las gaviotas - Francisco Llorens
La gruta de las gaviotas – Francisco Llorens

La gruta de las gaviotas. Ante este lienzo, os juzgáis en un país lejano y estáis, sin embargo, en un característico rincón local: en la Berbiriana. La gruta se abre entre las moles graníticas, de coloración extraña, que hay próximas al Matadero.
Cae la tarde y el estudio de las aguas quietas, llenas de reflejos verdes, dorados, grises, es de una fidelidad magnítica y de una dificultad enorme.
Un peñasco en primer término, determinado en sombra sobre el playazo, da el contraste. Las gaviotas giran en torno de la oquendad lúgubre. La técnica es irreprochable. El procedimiento, expedito. No hay resobamientos ni efectismos. Es la realidad, la vigorosa sensación del natural interpretado sin afeites.

En el estudio de Llorens
Alejandro Barreiro (LVG 19/01/1912)

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