As galerías subterráneas da rúa San Xoan

En 1915 ó abrir unha gabia na rúa San Xoán apareceron restos dunha estructura que axiña o barrio convertíu na entrada a un tesouro ou na tumba dos monxes. Un grupo de xornalistas baixaron ver que era o que alí había e este foi seu relato:

EL “IN PACE” DE LA CALLE DE SAN JUAN
Curioso, pero nada más.

Anda aún funcionando la fantasía popular, alrededor del hallazgo de restos de antiguas obras, al abrir la zanja para el alcantarillado de la calle de San Juan. Huesos, esqueletos enteros, cadáveres momificados, sepulturas de frailes, cementerio de conventos…, la imaginación había creado ya un escenario fúnebre y sobre él toda suerte de macabras ficciones.

Hemos ido “á ver” lo que aquéllo era, previo un ruego del alcalde al encargado de las obras de saneamiento, que recabó el señor Martínez Salazar, interesado en aclarar si allí había alguna cosa de valor histórico ó arqueológico.

Un centenar de chicos coronaba los bordes de la zanja abierta, de unos metros de profundidad. Las visiones de estos espectadores y el comentar sobre ellas de las honradas comadres del barrio, son lo que ha hecho nacer y dado alas á las leyendas que por ahí corrieron en estos días.

Allá descendimos una, dos, tres, hasta una docena de personas, curiosas da encontrar algo interesante, un viejo resto de cloaca, acueducto o cosa semejante, de otros tiempos. La fantasía popular nos había contagiado, y alguno se figuraba toparse con bóvedas romanas, ó un céltico camino cubierto. ¿Y si fuese asi? En la duda, bajamos al foso.

—¡Ojo al agua!, advirtió uno; pero unas simpáticas tablas dispuestas por el amable encargado de las obras, Sr. Sarmiento, nos permitieron despreciar el obstáculo.

Tropezamos con un pórtico, “sui generis” de la terrible garganta negra. Un fuste deuna columna, sin duda traido de un antiguo templo, surmontado por un liso capitel cúbico, sostiene los vuelos de piedra de la entrada a la galería.

La galeria es doble, y por este lado, donde termina, estaba cerrada por un muro que se destruyó al abrir la zanja. Es angosta y alta, hasta dejar pasar justamente a un hombre; las dos alas de ella conducen á un recinto cuadrangular, cerrado por macizos muros y abovedado en pirámide truncada. Hasta allá arriba, desde el suelo encharcado que pisamos. se miden 4’75 metros.

El recinto, frío y húmedo, con aquella cúpula por techo, entumece y pesa sobre el ánimo. ¡Oh, terribles “in pace”, amable Radames!

El agua fluye de las rocas hacia el otro lado de uno de los muros: por una abertura practicada en éste, y á la luz de una potente linterna, la vemos correr, encauzada en otra galeria de piedra: nos dicen que mide 17 metros de largo y que está truncada, allá en el fondo, por los cimientos de una casa, en la parte posterior de las de la calle de San Juan.

Se comento, allí sobre el suelo frió, á cinco metros por debajo de las comadres que fantasean en la calle.

Y convenimos en la explicación naturalisima y clara. Un manantial, agua encauzada, un pozo abierto sobre él, declive del cauce hacia el Campo de la Leña, la fuente “del Picho” suprimida por falta de agua, interrupción de la galería que la llevaba por los cimientos de una casa…

¡Cuántos fontaneros —ó como se llamasen — habrán bajado por la boca del pozo de registro basto aqui, ¡hace dos ó tres siglosl

El agua, al fin, lo ha purificado todo, hasta leyendas macabras del barrio.

Ni hay ollas de oro, ni esqueletos de monje ni “farrapos de gaita!” Es sencillamente el origen de la vieja fuente “del Picho”, al amor de la cual tantos hijos de Marte triunfaron de la paciente menegilda, encantada de que el “picho” sólo dejase fluir un levísimo hilo de agua, que llenaba la “sella” en hora y media.

LVG 17/04/1915

Da fonte do Picho do Campo da Leña ou Fonte Seoane temos noticia dela co gallo dunha reparación en 1802. Desta época todavía estaba no Campo da Leña preto da rúa San Xoán e fornecía de agua a veciños e a fábrica de xabóns de Pull e Gómez. En 1875 trasládase a Atocha Baixa frente o Cuartel de Infantería. As razóns do traslado viñan motivadas por laios dos veciños polo cheirume do lugar, a pouca hixiene e por “otras indecencias que en el lugar se cometían”.

Screenshot_35

O manancial da fonte atopábase, tal como sinala o artigo, na rúa San Xoan preto do nº 40 e a uns cinco metros de profundidade.

Os datos da Fonte Seoane proceden do libro El agua en A Coruña, fuentes, estanques y lavaderos de José Manuel Fernández Caamaño e Ricardo Vázquez Pérez.

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